8 de noviembre de 2010

Texto - Amor como yuxtaposición de...

Reflexión antigua sobre el amor; desde entonces, han pasado muchas cosas y habré cambiado mi parecer. Estoy en elaboración de una nueva perspectiva xD


Jess, a 9 de Octubre de 2011.

El “amor” no existe, sólo existe el capricho, la costumbre, el cariño y la atracción sexual.

Capricho a una primera o segunda visión de cierto individuo, o incluso a la indagación en su persona. Atracción de esa personalidad y encaprichamiento con ella. Se sabe lo que es el sentimiento pero se continúa, se insiste, la amargura por ello permanece mas… “es mi vida”, se cree, y no se quiere dejar de seguir. Una vez pasa un tiempo y conectas con otros individuos te das cuenta de que “no es mi vida”, la son los demás. ¿O sí qué lo es y crees, por la distancia ser- espacio-temporal, que no?... Y no hablo de un capricho de pocos días, sino de meses, o incluso años. Uno de ésos fuertes por lo que llegas a morir internamente.

Costumbre al estar cierto tiempo con una persona. Aunque en un primer momento no sintieras nada fuerte, el capricho, que conllevó a los celos, creó al paso del tiempo la costumbre y la idea de no deshacerte de esa actualidad. ¿Se habla de amor? La rutina hace pesadilla la convivencia pero doloroso el pensamiento de dejarlo; y a veces, de continuarlo.

Cariño, porque obviamente tenemos sentimientos y el cariño es una de las mejores emociones que podemos sentir hacia alguien. Encariñarse hace lo anterior dicho: difícil la idea de deshacerte de la actualidad.

Atracción sexual. Es bastante importante el sexo donde hay un supuesto amor. El sexo sin “amor” a mi parecer no tiene sentido, pero donde haya razones de “capricho, costumbre y cariño” sí tiene lugar. El cosquilleo y la obsesión por el otro y además hacer el amor es fantástico. La idea de abandonar esto, nuevamente, es desastrosa y muy triste. Hacerlo llevaría a la desesperación y la depresión definida o indefinidamente.

Para mí es eso el amor. Corrompido poco a poco por las circunstancias y el aguante mutuo y diario. Al comienzo es todo bello, novedoso, las emociones están alertas y los sentidos perciben sensaciones que antes no se sintieron o que llevaban tiempo sin sentirse.
Aún así no rechazo este tipo de amor. Me gusta, pues es el amor en sí. Pero es la definición que le atribuyo para poderlo nombrar como “amor” y no con esos sustantivos varios.
Puedo pensar que el mejor amor es el platónico, pues nunca muere mientras vive, mientras que el otro muere poco a poco en su existencia. El platónico se siente por completo siempre que ahí está. El “amor” muere en su avance por la búsqueda de la felicidad, sin saber que la felicidad se adquiere en los primeros días de su vida.
Aunque eso sí, mientras existe esa “cosa” llamada “amor” las emociones y el ingenio se intensifican, y eso me encanta. He desarrollado una afición nueva desde que me “enamoré” por primera vez.


Esto es lo que pienso, y puede ser cierto o no. No soy una escéptica de mi propio pensamiento. Sin embargo creo en la creencia de otras aptitudes acerca del objeto de mi teoría. Sé que puedo aceptar a muchas más como válidas para contrarrestar o desechar, en algún momento, las mías.

En este momento de reflexión he concluido esto acerca del amor. Siempre creí en él, pero mi experiencia me va haciéndolo ver de otro modo totalmente distinto. Esto no quiere decir, de ningún modo, que no crea ya en el “amor”; creer puedo creer, yo amo, amé y amaré. Amé un platónico, que si tuvo o no fin sólo lo sabe lo más hondo de mí. Amo y espero siempre amar al igual que me ame él siempre. Porque a pesar de las adversidades que puedan tener las parejas, de la sinceridad que tengo y de mis esporádicas reflexiones, yo procuro que mi romance no sea típico, intento que cada problema quede resuelto en su momento y no se acumulen malas ideas que corrompan rápido la unidad. Mi unidad la considero fuerte y deberían ser todas así, pues la vida no es fácil y no iba ser excepción el amor.
Todo daño en el tiempo hace más fuerte a su paciente. Sin roces en la pareja creo que no sería lo mismo, ni te darías cuenta de cuánto llegas a amarle, si existe eso llamado amor, o de cuánto le quieres contigo. Por eso yo, sea como sea esto, vaya como vaya la vida, lo que deseo, quiero, me encapricha, me atrae y anhelo es estar siempre, superando obstáculos, con Alex. Exista o no exista el amor que casi todo el mundo considera como tal, le quiero, y eso no va a cambiar. Es más, si lo que considero se define como amor, y amar es querer, anhelar, encapricharse, atraer y acostumbrar, le AMO.
No creo en los cuentos de hadas, pero sí en una extraña atracción llamada amor que es el que une personas en un destino inimaginable en un momento totalmente inesperado. Y me encanta.

Y eso es lo que pienso ahora que me he puesto a reflexionar. Y sé que mañana cuando me levante, si veo las cosas más claras me diré: “Pero Jess, si el amor sí existe”.
¡Y no digo que no exista! Solo que no existe como las personas consideran normalmente al amor. Sino que es más complejo, no es tan simple, encierra más cosas que un “te quiero”. Es complicado.
Para que se dé actúan varios agentes en él. El amor en sí es amor en potencia. Es algo que unifica hasta el momento de quebrantarse. Pero para que cumpla la función de unificar deben entrar otros factores indivisibles como son los citados allá arriba. Con ellos mediando el amor pasa a ser amor en acto, viviéndolo como amor amor, complejo y difícil de mantener.
La recompensa por mantenerlo es el bienestar. Se siente felicidad, como dije antes, en los primeros días (meses), pero como el bienestar es un tipo de felicidad, aclaro: la primera felicidad es la “novedad” y el sentirse muy queridos; la segunda es la permanencia y el saber acerca del otro, el recuerdo, el cariño supremo, la nostalgia… Porque si estos no estuviesen, la segunda felicidad no llega a existir y el “amor” se queda en su primera fase de felicidad.

Creo en él a mi manera. Amo. Y no puedo llevar una vida sin amar y sin sentirme amada.
Sea como sea… Quiero. Amo. Siento.
Me gusta y lo deseo.

El amor es como entrar en un estado de embriaguez o sueño donde todo se aguanta (hasta un cierto límite) por querer al otro y por mantener una felicidad reinante.
Sin amor no hay felicidad. NO hay.

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